La educación ambiental no solo promueve aprendizajes. En la Red por el Agua también fomenta el diálogo, el intercambio de saberes y la colaboración entre personas de distintas edades e instituciones/organizaciones, contribuyendo a fortalecer la gobernanza del agua en el territorio.
La crisis climática ya es parte de la vida cotidiana en la cuenca del río Aconcagua. Los efectos de una sequía prolongada, las olas de calor, las lluvias intensas y los incendios forestales han transformado el paisaje y también la forma en que las comunidades se relacionan con el agua. En ese contexto, surge una pregunta que atraviesa el trabajo de la Red por el Agua: ¿Cómo construir una sociedad capaz de enfrentar estos desafíos de manera colectiva?
La respuesta no está únicamente en nuevas tecnologías o infraestructura. También pasa por la educación.
Para fortalecer la gobernanza hídrica colaborativa, la Red por el Agua ha definido tres ejes principales de trabajo intersectorial. La Gobernanza Participativa, la Colaboración Académica e Investigación y la Educación Ambiental, espacios en los que diversos actores de la Red colaboran de manera horizontal, constituyendo un espacio de trabajo amplio y diverso.

“Lo primero es mejorar las capacidades de acceso a la información y ampliar la capacidad analítica de las comunidades frente a los riesgos que impone la crisis climática”, explica Bernardo Reyes, Ecólogo, Investigador de la ONG Vertientes del Sur, quien conforma parte del liderazgo del lineamiento de educación ambiental de la Red por el Agua.
Avanzar hacia una nueva cultura hídrica:
Como mecanismo de trabajo, la Red, a través de la ONG Vertientes del Sur, desarrolla la educación ambiental con un enfoque de niveles: en un primer nivel se trabaja directamente con niños/as de escuelas de la cuenca del río Aconcagua, para seguir con docentes de una red de escuelas del territorio y, en un tercer enfoque, con activistas ambientales que desarrollan este trabajo informando acerca de la importancia de los ecosistemas en la cuenca, en la parte alta, media y baja. En este último punto es donde actúa de forma más directa la Red por el Agua.

“La educación ambiental es fundamental, porque las nuevas generaciones serán quienes tendrán que enfrentar los desafíos del cambio climático. Si logramos que desde pequeños desarrollen una conexión con el territorio, estaremos construyendo un futuro distinto en el Aconcagua”, opina Anita Inguerzon, Presidenta de la Fundación Mujeres Agua Chile, quien conforma parte del liderazgo del lineamiento de educación ambiental de la Red por el Agua.
El Ecólogo coincide con la representante de Mujeres Agua Chile: “Lo primero es fortalecer el vínculo entre las personas y su territorio. Esperamos que quienes habitan la cuenca del río Aconcagua se reconozcan como parte de un mismo sistema, más allá de los límites de una ciudad, una comuna o una provincia. Fortalecer esa identidad territorial es fundamental para construir una gestión del agua compartida”, señala Bernardo Reyes.
De esta manera, la Red avanza en construir objetivos comunes, que permitan que las comunidades educativas desarrollen proyectos de manera conjunta. Actualmente, el lineamiento trabaja en la elaboración de materiales educativos, la postulación a fondos públicos y el fortalecimiento de las redes entre establecimientos educativos. El desafío no es comenzar desde cero, sino conectar iniciativas que ya existen en distintos territorios de la cuenca.
“Por ejemplo, existe una reciclatón en Quilpué y otra en Villa Alemana, otra en el Cerro Isla de Curimón; también hay limpiezas en el Cerro La Campana, Quillota, Putaendo, donde hacen educación ambiental, pero no existe una red que genere una sinergia. La idea es incorporar a los/as niños/as a estas actividades para que desde chicos/as puedan participar y jugar en torno a estas acciones de protección y restauración de nuestros ecosistemas locales”, cuenta Anita Inguerzon.
Desafíos presentes y futuros:
Para lograr confluir objetivos, la Red ha identificado problemáticas comunes, que se presentan a lo largo de toda la cuenca en torno a la educación ambiental. Por ejemplo, ambos entrevistados coinciden en que las condiciones de los espacios educativos presentan dificultades para entregar confort a las/os estudiantes, ante las condiciones climáticas extremas, dificultando el aprendizaje en un contexto de crisis climática.
“Las escuelas públicas no están adaptadas a los calores que existen acá en el valle del Aconcagua, que rondan los 40° Celsius y no tienen sombra, no hay toldo. De hecho, los jardines JUNJI ni siquiera tienen toldo para los más pequeños. Entonces, al final, si ellos no pueden salir a jugar, menos van a poder salir a hacer actividades al aire libre”, relata Anita Inguerzon.
“El desafío número uno es asegurar el derecho humano al agua y que las escuelas sean reconocidas como infraestructura crítica por el Gobierno Regional y el Estado chileno, que de hecho son, pero nadie los menciona como infraestructura crítica, que deben tener agua y electricidad para garantizar este servicio básico que es de la comunidad, no solamente de la niñez”, destaca Bernardo Reyes.
Pese a las dificultades, los liderazgos del lineamiento de Educación Ambiental de la Red por el Agua continúan trabajando con esperanza para avanzar en la co-construcción de una comunidad capaz de pensar el agua desde una mirada compartida, que aporte a regenerar la relación territorial con los ecosistemas de la cuenca.
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